Por Manuel Olmo Vadillo
A lo largo de a historia de la iconografía de la flauta travesera se aprecian, como es lógico, los mismos altibajos que el propio instrumento ha tenido a través de los distintos períodos históricos en cuanto a aceptación y popularidad. Así, por ejemplo, son escasas las representaciones escultóricas de nuestro instrumento en la ornamentación de pórticos y fachadas góticas; algo más abundantes son las obras de arte del Renacimiento en las que aparecen traveseras aunque siempre en menor número qu en las que se representan flautas de pico; bastante más numerosas en el Barroco y, a partir del siglo XVIII, se produce una verdadera eclosión –sobre todo en el campo pictórico– en el que la flauta ocupa un lugar muy destacado en la representación gráfica de veladas musicales, fiestas, escenas campestres y, en general, aquellas que hacen alusión a todo tipo de actos sociales, sin olvidarnos de los retratos de flautistas, tratadistas, etc.
Otro elemento que obviamente determina la profusión de iconos de nuestro interés es el geográfico. Aquellos lugares en los que la flauta travesera tiene una mayor relevancia, las imágenes se multiplican. En Francia, sobre todo durante los siglos XVIII y XIX, abundan y son claros ejemplos los preciosos dibujos y óleos de Jean Antoine Watteau, Jacques André Portail o Jean Honore Fragonard entre otros. En la India, el hecho de que Krishna sea además de una divinidad, músico y flautista, convierte al instrumento en protagonista de excepción. Oriente, en general, es una gran fuente de obras muy relevantes de iconos de traveseras.
En cualquier caso, dejando a un lado aspectos geográficos e históricos para centrarnos en lo puramente plástico, y aunque como flautistas nos duela tener que reconocerlo, parece ser un instrumento que no ha cautivado a los pintores y escultores de una forma especial, cosa que, por otro lado, y muy a nuestro pesar, es normal. Para un flautista su instrumento es algo muy bello y ni por un momento se plantea que no despierte en un artista plástico la misma admiración que él siente. Me imagino a un pintor que va a realizar una naturaleza muerta con instrumentos musicales y tiene como modelos para su composición una flauta, una trompa y un laúd, entre otros objetos. No me extrañaría que pasara por su cabeza un pensamiento algo parecido a: –Bueno, esta delgada vara la dejaré para otra ocasión– y se dejara llevar por las curvas y el volumen de la trompa o del laúd –éste último sin lugar a dudas, uno de los instrumentos más veces representado–. Realmente la travesera gana mucho en las distancias cortas ya que es entonces cuando se aprecian los materiales, el torneado, la sección cónica de las flautas antiguas, los brillantes reflejos en las de metal, las llaves y mecanismos, y también cuando está en manos del músico mientras está tocando.
Desde el punto de vista plástico, hay algo muy hermoso y especial en la posición que adquiere el flautista a la hora de tocar. Es única. Hay un evidente equilibrio entre horizontalidad y verticalidad, el instrumento se separa inexorablemente del cuerpo, se desplaza hacia un lado, se hace visible desde casi cualquier punto y los brazos del músico se elevan adquiriendo una pose inconfundible y un notable protagonismo. La iconografía de la flauta travesera es muy variada en motivos, escenas y personajes. Así encontramos óleos, dibujos, acuarelas y grabados en los que hay flautas olvidadas, flautas colgadas en la pared, flautas por los suelos, hay flautas que flotan en el agua –como en La Flauta Mágica de Melissa Egan (que a su vez recuerda al óleo Ofelia Muerta de Everett Millais)–, hay flautas en naturalezas muertas, flautas en manos de músicos-cómicos, en manos de niños, de ancianos, hay flautistas tocando en todo tipo de agrupaciones musicales, los hay que montan a caballo, flautistas que están estudiando, otros que duermen junto al instrumento, otros que fuman mientras tocan y otros que simplemente posan para el artista.
También la encontramos en todo tipo de entornos: bélico, familiar, erótico, sacro, en episodios mitológicos y, por supuesto, en infinidad de fiestas, tanto de la alta nobleza como del pueblo llano, así como en ambientes bucólicos y románticos. La encontramos tanto en los cielos como en los infiernos. La flauta está presente en mayor o menor medida en todas las épocas y ha sido representada desde la antigüedad hasta nuestros días, en todos los estilos y tendencias desde el más escrupuloso de los realismos hasta la más absoluta abstracción. En esta sección que ahora se inicia y que se prolongará en próximos números, podremos ir haciendo repaso, conocer, observar y admirar mucha de esas obras que conforman la iconografía de la flauta travesera en el arte.
artículo publicado en la dirección:
http://www.flautaandalucia.org/ARTICULOS/LFTenElArte/MOVn%BA18.pdf
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